Reina Victoria
- 20 abr
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Actualizado: 21 abr
Capítulo 2: La Reina Victoria
Victoria no siempre fue reina. Nació en la noble Casa de la Vainilla, una familia conocida por su calidez, su apego a lo simple y su amor por la claridad. Desde pequeña, Victoria mostraba una sensibilidad distinta. No hablaba mucho, pero escuchaba con una atención que desarmaba. Tenía la capacidad de hacer sentir a los demás vistos, comprendidos, aceptados.

Una tarde de primavera, a los diecisiete años, salió sola a pasear por los campos que rodeaban su casa. Llevaba una canasta vacía, sin rumbo fijo. El sol era tibio y el viento suave. En el borde de un pequeño claro, encontró un grupo de frutillas silvestres creciendo entre las hojas.
No eran muchas. Pero estaban perfectamente maduras.
Sin pensarlo, las recogió con cuidado. En la cocina, preparó un bizcocho simple de vainilla, lo rellenó con crema chantilly y mermelada de frutilla, y lo coronó con más crema y frutillas frescas. Todo con una tranquilidad que parecía coreografiada por la naturaleza.
Esa misma noche, mientras cenaban, un aroma dulce llenó la casa. Y en el centro de la mesa, donde antes no había nada, apareció una torta idéntica a la que Victoria había preparado. Su madre y su padre la miraron con asombro. Nadie dijo una palabra.
Victoria sonrió, con esa calma que solo ella tenía.
Así fue como el Reino reconoció a su soberana. La torta de Victoria no era ruidosa ni exuberante. Era clara, directa, honesta. Como ella. Así nació La Soberana de la Frescura.

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